“Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva,
porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar ya no
existía más” (Apocalipsis 21:1)

Dios en medio de su pueblo

Juan escucha una voz que sale directamente del trono de Dios que se dirige a él para explicarle el significado de la nueva Jerusalén que desciende del cielo: “he aquí el tabernáculo de Dios con los hombres”.  Dios viene a morar con su pueblo.

Esta relación viva del Señor con su pueblo tendrá unas consecuencias: ya no habrá nunca más lágrimas, ni existirá la muerte, ni clamor ni dolor.  Todas es tas cosas pertenecen al viejo orden de un mundo caído que desaparecerá.  Allí donde Dios mora, allí está el cielo.

En la vida venidera, el cielo y la tierra ya no estarán separados como ahora, sino unidos completamente.  Los creyentes continuarán estando en el cielo mientras viven en la nueva tierra.  La frase “él morará con ellos y ellos serán su pueblo”, son las palabras que pertenecen a la promesa central del pacto de gracia (Génesis. 17:7, Éxodo 19:5-6; Jeremías 31:33; Ezequiel 37:27; 2 Corintios 6:16, Hebreos 8:10; 1 Pedro 2:9-10).

Conclusión: ocuparse del futuro glorioso que nos espera a todos los que esta mos inscritos en el libro de la vida no es escapismo, prescindiendo de la realidad presente, sino afirmar nuestra esperanza en un tiempo futuro en que Dios hará nuevas todas las cosas.

Si tu nombre no está en el libro de la vida, debes preocuparte y cambiar de actitud hacia Cristo, el cual vino a este mundo para dar su vida en sacrificio por tus pecados.  Debes acudir a Cristo en arrepentimiento y fe, de lo contrario te espera la condenación eterna en un infierno que es la otra cara de la moneda del cielo nuevo y la tierra nueva.

Y si ya lo hemos hecho, “alegrémonos de que nuestros nombres están escritos en el libro de la vida” (Lucas 10.20; Apoc. 13.8).

 

Vuestro Pastor
Aurelío Esquembrí

X