Déjame contarte una pequeña curiosidad: Como estudiante he tenido la oportunidad de estar en cantidad de ambientes de prácticas.
He aprendido que, como terapeuta, es imprescindible desarrollar la capacidad de determinar rápidamente en qué medida el dolor nos va a permitir trabajar en la sesión. Hay una variedad de herramientas indicadas para una misma patología y tengo la responsabilidad saberlas, pero también de conocer a mi paciente. Debo saber en qué momento de la enfermedad está porque, aunque la elección de la herramienta depende de la patología, también lo hace de la fase en la que se encuentre mi paciente. ¿Te has planteado alguna vez cómo es para alguien perdido dar pasos hacia Jesús? Si te es difícil de contextualizar, la he reformulado: ¿Cómo está siendo o ha sido dar pasos hacia Jesús para ti cuando estabas perdido/a? En Marcos 4, Jesús está enseñando a multitudes a través de varias parábolas. Una parábola és una historia sencilla que intenta transmitir una verdad importante o una enseñanza moral y como herramienta pedagógica usa
ejemplos cotidianos. Del versículo 26 al 29, Jesús compara el reino de Dios al hecho de sembrar semillas de cereal. En el texto, el camino de la Fe se describe como algo misterioso: “27. Sin que este sepa cómo… brota y crece la semilla”. Nos podemos sentir identificados con el sembrador si pensamos en las personas que nos han roto los esquemas al dar su vida a Jesús. También con la frustración o profunda tristeza por la gente en la que hemos invertido tanto tiempo, pero no llegaron a dar pasos (todavía).
Este fenómeno de misterio reside en que nosotros no somos los que llaman, no sabemos cambiar los corazones endurecidos (Juan 6:44). Tómate un tiempo para ver que te genera está afirmación: no eres el/la que llama a esa persona porque no sabes cambiar su corazón endurecido. A mí, en un primer momento me entristecía “Entonces ¿No tengo control del resultado? Lo que yo haga por mi amiga ¿dónde se queda?”. Más tarde… ¡No tengo control del resultado!
El camino que yo elegí en su momento y el que los demás tienen la oportunidad de elegir no es manipulable. Nadie puede manipular a nadie para seguir a Jesús porque el camino es libre para el que lo elige y liberador para el
que lo explica. No debes llevar la carga del evangelio, Jesús lo hizo por ti y por tu amigo.
El texto no se queda aquí: “… semilla… primero el tallo, luego la espiga, y después el grano lleno…grano está maduro”. Nadie puede argumentar a favor de que en el ciclo vital de un ser vivo existan únicamente dos etapas: de semilla a grano maduro, de bebe a anciano o de infantil a la universidad.
Entonces ¿Por qué asumo que conocer a Jesús solo tiene dos fases? No me malinterpretes, la historia de Jesús tiene la capacidad de transformar mi vida en un antes y un después. Pero, como nos muestra la parábola, es un proceso orgánico, de crecimiento. Si reconocemos diferentes etapas de crecimiento, podemos entender que las necesidades de tu amigo (o las de cualquier persona a la que se le presente el evangelio) cambiarán dependiendo del paso que esté dando. Por eso también me surge la pregunta de ¿Cómo podemos ser realmente útiles acompañando a una persona perdida? Existiendo una variedad de herramientas, creo que nos hace falta preguntarnos lo mismo que los terapeutas ¿En qué etapa o fase está esa persona con respecto a Jesús? ¿Está buscando de Jesús o únicamente tiene curiosidad por lo espiritual? ¿Siente confianza por los cristianos? ¿Está abierto a cambiar? Depende de dónde esté, Jesús se acercaría de una manera u otra. Él puso una tienda en este mundo: unos iban a buscarle con preguntas, otros se encontraban con él en el pozo, pero en otras ocasiones él fue a buscarlos. Déjame una última reformulación de la pregunta más importante para que tú la completes.
¿Cómo yo, ________ , puedo ser útil acompañando a _________ a dar pasos hacia Jesús?
Marta Fernández Pérez